Lunes 2 de febrero de 2026
Letras
de Arenas
Pepe Arenas, presenta:
“Las Peripecias, por P. Périz
Copio”
CUESTA
Llegué a
destiempo a la comida en la casa de mi tía Rita Martínez, la viuda de mi
querido tío Luciano, hermano mayor de mi padre.
Me detuve
en el mercado buscando unos zapatos tenis negros, como los que compré el año
pasado en una zapatería del centro, y si no regresé ahí por un par nuevo, fue
por dos motivos: resultaron de tan mala calidad, que se despegaron dos veces la
suela del izquierdo, primero, y del derecho después, y el segundo, el precio.
En una pasada por ahí, los vi de “oferta”, un veinte por ciento más caros. Además,
no me duraron ni un año.
En el
mercado hay varios expendios de zapatos y los recorrí todos, sin prisa, seguro
de que encontraría lo que buscaba, pero no fue fácil. Y no porque se tratara de
algo, digamos, especial, no, pero justo debían cumplir con esas dos
características esenciales: buenos y baratos, como dictan el sentido común, y
la cartera.
Cuando
estaba a punto de renunciar –fue entonces que miré el reloj y me percaté de mi
retraso para acudir a la comida–, me alcanzó uno de los vendedores a los que
les pregunté por lo que quería, y ante la negativa y la prisa, ya me iba.
— Señor,
señor, espere, sí tengo lo que busca, pero no los pongo a la vista porque…
— No
entiendo
— Porque
son de contrabando, los traemos de China, de los que se venden en las tiendas
gringas, ¿los quiere ver?
Respondí
afirmativamente y regresé a sentarme para probármelos. Bajó del tapanco con una
bolsa negra de plástico: tenis negros, suela blanca, de mi talla. Acordamos el
precio, que me pareció razonable y salí estrenando, porque dejé en la basura
los que llevé como muestra de lo que buscaba. Tomé un taxi y llegué casi media
hora después a mi compromiso, con un ramito de jazmines que compré en el
camellón a una señora que ofrecía otras opciones, pero la menos cara fue la que
elegí, para llevarle un presente a mi tía Ríta.
Ya estaban
ahí mis tíos Rodolfo Périz y su esposa, Gudelía, además, para sorpresa mía, el
tío Flavio Périz Zebadúa, agricultor que radica en Veracruz, y Eva, su esposa.
Además, mi primo Fabián Périz, diseñador de modas y otra querida prima, Amalia,
maestra.
Luego de
los saludos y de pedir disculpas por mi retraso, les platiqué el motivo por el
que, contrariando mi costumbre, llegué a destiempo. Eso dio motivo para hablar
de la “Cuesta de enero”, la que nos agobia anualmente pero que, como dijo mi
primo Fabián, hace varios años que se prolonga a veces, hasta marzo. Entonces
intervino mi tío Flavio:
— Y peor
que se va a poner, yo creo que llegará hasta juntarse con el enero próximo,
como van las cosas: no sólo no mejora la economía, sino lo contrario, como
todos lo sabemos bien –aunque el gobierno pretende convencernos de lo contrario–,
porque no se trata sólo de que las cosas, todas, se van encareciendo
paulatinamente, sino que para los productores del campo, como es mi caso, ya no
recibimos apoyo para eso, para producir más.
— Ah, y
qué me dices del comercio, primo. En mi caso, por ejemplo, la producción de mi
taller va en picada, porque traen ropa usada de Estados Unidos, más barata
porque además es de contrabando, como tus zapatos, primo. Y…
En ese
momento, mi tía Eva, que se percató de que la conversación iba por el trillado
camino de la queja por las deplorables condiciones de la economía nacional, y
desde luego que la doméstica, intervino para cambiar el rumbo de la plática:
— ¿Y
vieron cuántas nominaciones al Oscar tiene la película de Del Toro? ¿Ya la
vieron?
Por ahí
seguimos y “Frankenstein” fue un buen tema para hablar del cine mexicano y platicamos
de películas un buen rato, hasta que mi prima Amalia dijo:
— Pero yo
ya no voy al cine, sólo hay que ver cuánto cuestan ahora las palomitas de maíz.
Y volvimos
ha hablar de la carestía. Serví otro poco de helado de nuez y un café.
josearenasmerino@gmail.com

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