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El Día Internacional de los Abuelos: una deuda de amor de la humanidad

 Viernes 22 de mayo de 2026


Por Darío Nin

Hay fechas que celebran profesiones, conquistas, héroes, instituciones y acontecimientos históricos. Sin embargo, todavía la humanidad no ha logrado ponerse de acuerdo para consagrar oficialmente un verdadero Día Internacional de los Abuelos, a pesar de que pocas figuras representan tanto amor, sacrificio, memoria y ternura como ellos.

En distintos países existen celebraciones dispersas dedicadas a los abuelos. Algunas naciones lo celebran en julio, otras en agosto, septiembre u octubre. Incluso la Iglesia Católica instauró desde el año 2021 la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores. Pero aún no existe una fecha universal proclamada formalmente como patrimonio afectivo de todos los pueblos.

La República Dominicana tiene una oportunidad histórica de impulsar esa iniciativa ante el mundo.

Nuestra Ley 352-98 sobre Protección de la Persona Envejeciente ya reconoce el 1 de octubre como Día Nacional del Envejeciente. Sobre esa base jurídica y moral, perfectamente podría aprobarse una disposición complementaria que declare también esa fecha como Día Nacional de los Abuelos, permitiendo unir el reconocimiento social al adulto mayor con el valor familiar y espiritual de quienes representan la experiencia, la memoria y la sabiduría acumulada de generaciones.

Porque un abuelo no es solamente una persona de edad avanzada. Un abuelo es muchas veces el consejero silencioso, el que sostiene emocionalmente a la familia, el que cuida nietos mientras otros trabajan, el que transmite valores, el que enseña la historia familiar, el que guarda abrazos cuando el mundo se vuelve frío.

En muchos hogares latinoamericanos, los abuelos han sido verdaderos héroes anónimos. Han criado hijos ajenos, han levantado familias enteras con una pensión mínima y han servido de refugio emocional en medio de las crisis sociales y económicas.

Pero también existe otra realidad dolorosa: miles de envejecientes viven solos, olvidados, abandonados o sin descendencia. Personas que nunca tuvieron nietos, o que aun teniéndolos, han sido apartadas por la indiferencia moderna.

Por eso esta propuesta debe ir más allá de una simple celebración simbólica. La iniciativa podría contemplar una dimensión profundamente humana y solidaria: promover moralmente que personas, familias, escuelas, iglesias, empresas e instituciones “adopten afectivamente” a envejecientes solos o desamparados, reconociéndolos como “abuelos adoptivos”.

No se trataría de una adopción legal, sino emocional y social.Un gesto de humanidad una visita, una llamada, una comida compartida, un cumpleaños recordado, una conversación, una fotografía un abrazo…A veces la peor pobreza no es la económica, sino la soledad.

Imaginemos por un momento lo que significaría que cada escuela motivara a sus estudiantes a visitar hogares de ancianos. Que cada institución pública o privada reconociera a envejecientes de su comunidad como “abuelos honoríficos”. Que niños sin abuelos cercanos pudieran encontrar cariño y orientación en adultos mayores necesitados de afecto. Sería una revolución silenciosa de amor social.

La creación del Día Internacional de los Abuelos también enviaría un poderoso mensaje al mundo moderno: las sociedades no pueden construirse únicamente sobre tecnología, consumo y productividad. Necesitan memoria, experiencia, ternura y vínculos humanos.

Los pueblos que olvidan a sus envejecientes terminan olvidándose a sí mismos.Por eso esta propuesta no debe verse como una simple efeméride. Debe convertirse en un llamado mundial a la dignidad humana, al respeto intergeneracional y a la justicia afectiva.Tal vez ha llegado el momento de que la República Dominicana eleve esta bandera ante América y ante las naciones del mundo.

Porque honrar a los abuelos es honrar nuestras raíces.
Y quien honra sus raíces, fortalece su futuro.

Nos volveremos a ver en el camino. Hasta la próxima. Que Dios nos continúe bendiciendo.

Darío Nín

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