Lunes 6 de abril de 2026
Letras de Arenas
Pepe Arenas, presenta:
“Las Peripecias, de P. Périz Copio”
GLORIA
— ¡Me
encantan las gladiolas! Muchas gracias, primo, es un bello detalle de tu parte.
Las pondré en agua de inmediato, para que perduren.
Ignoraba
que, a Etelvina, la esposa de mi primo Paco ─Francisco, pues─ le gustaran las
gladiolas, pero como son mis flores favoritas, le llevé un ramo de dos docenas,
rojas, para “no llegar con las manos vacías”, según me enseñó mi madre.
— Pero
no les pongas mucha agua, ¿eh?, no sólo porque en exceso, como todo exceso, las
dañaría, sino porque anoche no cayó agua en el tinaco, ya ves que nos racionan,
un día sí y un día no, y lo malo es que hoy, domingo, es el día en que lavo la
ropa de cama, es decir, las sábanas y las fundas y, ni modo, será hasta mañana—
dijo mi tía Adolfina, la esposa de mi querido tío Arnulfo (maestro jubilado), a
cuya casa llegué, invitado a desayunar.
“Nada
que agradecer” le dije a mi prima. Ya estaban dispuestos los asientos en el
comedor. Me tocó sentarme entre mis sobrinas Paulina y Mariana, gemelas,
adolescentes preparatorianas a quienes no veía hace al menos un año. Son
excelentes estudiantes, dignas hijas de Paco y Etelvina, ambos doctores, él en
Sociología y ella en Psicología Social, catedráticos en la Fes Acatlán de la
UNAM, donde se conocieron cuando ingresaron a sus respectivas carreras.
—
Sírvanse lo que gusten, los platones están al centro y cada cual elija lo que
más les guste. Ahí hay una jarra con jugo de toronja si les apetece.
— A
propósito de lo que dijo mi tía Adolfina acerca de la escasez del agua, les
platicaré a mis queridas sobrinas lo que hacíamos su padre y yo cuando teníamos
un par de años menos que ellas, allá en la ciudad de México –que entonces se
llamaba Distrito Federal–, y espero que no me digas que no lo cuente, Paco. Me
refiero a la celebración del Sábado de Gloria, como se le llamaba entonces a lo
ahora se le dice Sábado de Silencio o Sábado Santo.
— ¿Te
refieres a “las guerritas de agua”?
—
Precisamente, Paco. Entonces nadie hablaba de escasez y salíamos a la calle con
cubetas llenas de agua para arrojársela a los supuestos enemigos, pero, además,
desde la tarde del viernes llenábamos globos con agua, precisamente, para
contar con una buena dotación de bombas y desde luego, los del bando contrario
hacían lo mismo, de modo que terminábamos empapados.
— Claro
que me acuerdo, fue divertido, mientras duró, porque, luego de un par de años o
algo así, ya no se permitía, al punto que las patrullas de la policía, las
llamadas “julias”, ¿te acuerdas?, recorrían las calles impidiendo esa forma de
celebración. De hecho, si no mal recuerdo, primo, a ti te llevaron a la
Treceava Delegación detenido, y hasta que fue tu papá a pagar una multa te
dejaron salir.
— ¿Es
verdad tío?, te detuvo la policía.
— Sí,
Pau, es verdad, pero no esperaba que tu papá lo mencionara. Bueno, fue una
experiencia divertida, y tuve una anécdota que contar.
— Pues
qué diferente es ahora la situación: ya hay guerras locales y hasta entre
naciones por el agua, lo que suena absurdo, ya que el 70 por ciento del planeta
es agua. Es casi incomprensible.
—
Tienes razón tío Arnulfo, y más, porque en el caso del uso doméstico, como dijo
mi tía, lo que nos afecta a los citadinos –para no hablar del campo– y también
es un tema de la administración de los recursos, porque las alcaldías no
reciben suficiente dinero de los gobiernos estatales porque la federación se
queda con la parte del león.
—
Bueno, bueno, mejor dejemos el tema, ya le puso Etelvina suficiente agua a las
gladiolas; hablemos de cosas más agradables. Por favor, acérquenme el platón de
los frijoles⸺ dijo la tía Etelvina.
Concluí
el desayuno con un champurrado y un churro de vainilla.
josearenasmerino@gmail.com

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