Domingo 30 de noviembre de 2025
Letras de Arenas
Pepe Arenas, presenta:
“Las Peripecias, por P. Périz Copio”
AGUA
— ¡Mamá… enciende la bomba, me quedé sin agua!
Escuchamos gritar a Carlitos desde la planta alta de la
casa, clamando por eso que se conoce también como “el vital líquido”.
— Ay, no otra vez, por favor. Ya son tres veces esta
semana— dijo mi prima Maricela Copio, bióloga. Enviudó hace poco más de un año.
Su marido, Carlos, ingeniero civil, murió en Zacatecas en un accidente de
trabajo, en la construcción de una presa en el río Juchipila, para alimentar el
campo donde se siembra y cosecha chile verde, calabaza y lechuga para
exportación; y desde luego, para abastecer a la población de la región.
Estaba en la casa de mi prima, con sus hermanos, Yadira,
actriz y Arturo, meteorólogo. Me invitaron a desayunar y, desde luego, acepté
gustoso pues no los veía desde enero o febrero, no recuerdo bien. Por supuesto,
llevé un kilo del café de Coatepec que me manda mi primo Martín Blanco Périz,
de su propio beneficio cafetalero.
— No sé qué está pasando— dijo Maricela, de regreso del
traspatio, una vez encendida la bomba con la que sube agua al tinaco desde la
cisterna— ya son tres semanas en que no tenemos suficiente agua. Y lo que voy a
tener que pagar de energía eléctrica, además de la incomodidad de acumularla
para lavar los trastes y la ropa.
— Pues qué te digo, hermanita, uno sabe lo que tiene,
hasta que no lo pierde. Sólo imagina lo que tienen que hacer quienes viven en
las zonas altas de la ciudad, en las faldas de los cerros, gracias al desorden
con que crece la ciudad. Esa gente depende de las pipas que les llevan, y no te
digo a qué precio por litro, para no amargarnos el desayuno.
— Sí hermano, tienes razón, pero esto no sucedía antes. Y
lo que no entiendo es porqué, si este año llovió en exceso, digo, comparado con
años anteriores.
— Pues no es falta de agua, sino falla del sistema de
acopio y distribución. No se apartan recursos del presupuesto federal para la
infraestructura, de modo que no hay áreas de almacenamiento y, como
meteorólogo, puedo decirte que las cosas van a empeorar ya que en un par de
años muy probablemente habrá otra sequía.
— Qué bueno que tienes una cisterna, hermana. Creo que
tengo que pensar en construir una en mi casa— dijo Yadira— Leí que suspendieron
la promulgación de la nueva ley nacional de agua. Eso es bueno, para evitar los
abusos, porque si, como propone el proyecto, la propiedad del agua de los pozos
y yacimientos en el campo ya será propiedad federal.
— Sí, pero los dueños de los predios ya no podrán vender
ni heredar, porque sin agua, no tendrán valor. No sé en qué están pensando los
que proponen esas medidas— repuso Arturo.
Carlitos bajó muy limpio y peinado saludando con una
amplia sonrisa, y se desvió el tema. Me serví un vaso con agua.
josearenasmerino@gmail.com

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