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H, Matamoros, Tamaulipas:


JUBILACIÓN

 Domingo 31 de agosto de 2025


Letras de Arenas

Pepe Arenas, presenta:

“Las Peripecias, por P. Périz Copio”

JUBILACIÓN

— Sí, ya lo sé, es una conocida sentencia, pero es muy cierta: “La vida es breve, vívela”, o esa otra que dice “de la cuna a la tumba hay apenas un suspiro”, y otras similares, pero son ciertas: yo no termino de entender en qué momento envejecí.

— Pero no estás tan viejo papá, no exageres.

— Matías, hijo, quizá no tan viejo, como suena, pero ya bajé al séptimo piso, así, en un santiamén, sin apenas darme cuenta.

Mi querida tía Gudelia, la esposa de Rodolfo Périz, profesor jubilado de la SEP, con más de 30 años de ejercicio en la docencia, me llamó para departir con ellos, con motivo de la llegada de mi primo Matías, que vive en Guadalajara, que viene cada año a celebrar el cumpleaños de su padre. Con él, vino su esposa Gloria, la jalisquilla, como él le dice, con quien se conoció durante su residencia en un hospital de Ginecología y Obstetricia en Arandas, donde se enamoraron y casaron hace más de veinte años.

— Suegro, Matías tiene razón, usted no es un viejo, es apenas un hombre maduro; mi padre, en cambio, sí es un anciano, ya cumplió 91años, y se mantiene sano y fuerte, a pesar de tantos calendarios.

— Bueno Gloria, tienes razón, además, ser viejo es sinónimo de sabio, dicen los que llegan a mi edad. No sé si es consuelo, pero sí, se sabe más cada día.

No llevé con una botella de tequila, como procuro hacerlo cuando me invitan mis parientes, para no llegar con las manos vacías, según me enseñó mi madre, en cambio, aporté un pastel de chocolate oscuro de “Cacao”, la pastelería de mi preferencia. El tequila, claro, la puso Matías, que luego de tantos años de vivir en Guadalajara, ya es un experto en libaciones de agave.

Estaban también Ramiro, arquitecto, el otro hijo de mis tíos y su esposa Lulú, dueños de una empresa de construcciones.

— Lo bueno es que llegó a jubilarse, suegro. En cambio, mi padre sigue trabajando con nosotros en la constructora, y sólo porque mi marido lo inscribió en el Seguro Social, está sumando semanas para llegar a tener una pensión, pero le falta mucho para eso— dijo Lulú.

— En eso tienes mucha razón, hija, aunque debo decir que cuando me inicié en la enseñanza, hace más de30 años, no lo hice pensando en jubilarme, porque cuando uno es joven no piensa en el futuro, no nos enseñan a planear, y no estoy seguro de que ahora lo hagan. Presenté una iniciativa en la Secretaría para que esa fuera una materia más en el plan de estudios de la secundaria, pero me ignoraron. 

— Pues como empresario independiente no aspiro a una pensión o cosa parecida; sin embargo, aquí tu nuera, está haciendo una alcancía para cuando llegue el momento del retiro— dijo Ramiro.

— Mi hermano Carlos sigue peleándole al Seguro su pensión, pues le están escamoteando más de 300 semanas porque la compañía en la que trabajó no sé cuántos años, quebró por malos manejos del dueño y se fue al extranjero con toda la documentación del personal— dijo mi tía Gudelia.

Pensé entonces en mi caso. Al llegar a mi casa revisaré mi archivo, pensé: tampoco me percaté de la prisa con la que corre el tiempo.

Me serví un tequila más, y unos trozos de jícama con chile y limón,

josearenasmerino@gmail.com

 

 


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