Domingo 20 de abril de 2025
Letras de Arenas
Pepe
Arenas, presenta:
“Las
Peripecias, por P. Périz Copio”
CUBETAZOS
Aprovechando el buen clima de este
sábado, concluido el desayuno, mi tía Mariana nos sugirió que pasáramos al
jardín, a disfrutar del calor del sol, y que las niñas se metieran a la alberca.
Con gusto aceptamos, pero antes recogimos los platos y cubiertos para llevarlos
a la cocina y más, a lavarlos, pues así lo hacemos siempre, para no cargarle la
mano a la anfitriona, que es ya una costumbre familiar.
No había terminado mi tía de
proponerlo, cuando mis sobrinas Fátima –hija de mi prima Amalia– y las gemelas,
Lucía y Alma –de Arnoldo y Mariana–, corrieron a ponerse el traje de baño y se
echaron de clavado en la alberca.
Eso me llevó a recordar que, cuando
teníamos su edad y vivíamos en la capital, los días sábados de cada Semana
Santa, era común que en las calles los niños y los jóvenes, sin faltar algunos
adultos, nos arrojábamos agua a cubetazos, en medio de gritos y risas.
—
¿Recuerdan qué divertido era el sábado de Gloria, allá en nuestros tiempos de
adolescencia, cuando nos mojábamos unos a otros en plena calle?
—
Sí, cómo no, era padrísimo. Me acuerdo que yo aprovechaba para mojar a Domitila
Mondragón, la vecina de la casa azul, la de enfrente a la nuestra. Me caía mal,
ya no sé ni porqué, pero entonces era un buen pretexto para empaparla— apuntó
Amalia.
—
¿Qué no recuerdas por qué te chocaba Domitila? Flaca memoria, prima, te voló a
Pablito Núñez, que esperabas que te pidiera que fueras su novia y ella se te
adelantó— le dijo Arnoldo, y nos carcajeamos.
—
Era muy divertido. Lástima que luego lo prohibieron, no sé ni porqué, pero
pasaban en las julias los policías a impedirlo. Recuerdo que,
precisamente a los dos hermanos de Domitila los llevaron a la Delegación y su
papá tuvo que pagar una multa para que los liberaran.
— La razón de esa restricción fue porque ya
entonces comenzaba el racionamiento del agua y se desperdiciaba, ese fue el
motivo, me acuerdo. Imagínate que hoy alguien se atreviera, yo creo que los
vecinos lo impedirían, sin mediar siquiera la policía— dijo Mariana.
—
Nomás piensen en lo que nosotros los agricultores sufrimos por la escasez de
agua, y no me quiero imaginar lo que están pasando nuestros paisanos en Sonora,
por ejemplo. Si en Veracruz tenemos que racionarla, allá que ahora tienen la
amenaza del viejo loco que quiere que le paguemos millones de metros cúbicos o
nos pone más aranceles, ¿cómo estarán? —dijo mi primo Flavio, que cultiva
hortalizas en Poza Rica para exportación.
Lamenté no haber llevado mi traje de
baño. Me conformé con una cerveza fría.
josearenasmemerino@gmail.com
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